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¿Son verdaderamente asirios los modernos asirios?

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Ferran Barbermoderator

 
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¿Son verdaderamente asirios los modernos asirios?

Nov-03-2013 at 09:46 PM (UTC+3 Nineveh, Assyria)

He aquí un texto escrito por FERRAN BARBER en septiembre de 2006 y publicado en 2006 por BARRABÉS EDITORIAL, dentro del libro EN BUSCA DE LOS ÚLTIMOS CRISTIANOS DE IRAK E IRÁN*. El trabajo está sujeto a las leyes de la propiedad intelectual, pero podéis conseguir una copia del libro por 15 euros, solicitandóselo al propio autor. Esta es su dirección de correo electrónico: ferranlikesyou@gmail.com

Tan poco apuntalada científicamente se encuentra la ascendencia de nuestros cristianos orientales que son más quienes cuestionan su presunto origen asiro-babilonio que quienes lo dan por bueno o, en el mejor de los casos, lo dejan en suspenso a falta de más datos. Masud Barzani se refirió durante décadas a sus vecinos no musulmanes como kurdos cristianos, que es, por otra parte, el mismo nombre que Marco Polo adjudicó a los nestorianos y los jacobitas con los que se topó en el siglo XIII al alcanzar uno de los confines de la llamada Gran Armenia, amén, que lo sepáis, del mayor insulto que puede dedicársele a un caldeo-asirio, esté o no comprometido con la causa nacional. El escritor británico Willian Dalrymple se ventila el asunto en el glosario de un documentado libro de viajes que, a pesar de todo, recomiendo, atribuyendo su origen asirio a un mero desliz de los misioneros anglicanos. Este mismo argumento fue utilizado en su día por Sadam Husein para burlarse del movimiento nacionalista asirio que durante años le hizo frente incluso manu militari gracias a una guerrilla cien por cien cristiana. Los caldeo-asirios fueron tan sólo consentidos dentro de un Estado mayoritariamente árabe y musulmán en tanto que cristianos o, lo que es lo mismo, a cambio de no sobrepasar con sus reivindicaciones el umbral de los templos. Si alguien tenía dudas en Europa o Norteamérica de la vocación secular de su gobierno, se le recordaba oportunamente que uno de sus hombres de confianza, el ministro Tarek Aziz, pertenecía a la Iglesia Caldea.

Como quizás hayáis sospechado, este asunto del origen étnico-cultural de los cristianos de Mesopotamia es mucho más que una sesuda controversia entre historiadores, periodistas o vecinos. Está en juego, entre otras cosas, la identidad de una comunidad humana, y, por el mismo motivo, parte de su futuro político y de la legitimidad de las organizaciones políticas que hoy reclaman para los caldeo-asirios derechos nacionales similares a los de los kurdos iraquíes. Y esos derechos, es obvio, van mucho más allá del reconocimiento de su libertad de culto.

Justamente por ello lo que en primer lugar deberíamos preguntarnos es si estos cristianos orientales proceden o no de aquellos pueblos guerreros a los que familiarmente se representa rebanando cabezas desde un carro. Como reportero, mi responsa­bi­lidad y competencias intelectuales están más dirigidas a pro­porcionar información de tipo descriptivo que a resolver ta­les cuestiones. Eso no significa, en cualquier caso, que ha­ya decidido irme de rositas sin aclarar siquiera mi opinión a ese respecto. Concededme algunos párrafos más y al final de este texto hallaréis algu­nas líneas sobre el modo en que he resuelto interiormente e­sa controversia.

Apuesto, por otra parte, a que el grueso de los occidentales, lo ignoran casi todo acerca de los modernos caldeo-asirios y ése no es, desde luego, el menor de los problemas con el que me he topado a la hora de hacer más comprensibles las experiencias de mis viajes. De ahí que recomiende perder cinco minutos con los epígrafes que siguen. Su función es dar somera cuenta de algunos de los rasgos que otorgan un carácter diferenciado, una identidad propia, a los cristianos de Mesopotamia.

Sobre nuestros cristianos orientales

Nuestros amigos caldeo-asirios suman alrededor de tres millones de personas5 dispersas por Irak (algo más de un tercio del total); Irán (en torno a 15.000); Siria (600.000 o más, dependiendo de la fuente); Turquía (5.000) y el exilio de Occidente (los residentes en Estados Unidos, Europa y Australia alcanza otro millón largo). Una pequeña parte de estas gentes son protestantes y católico-apostólico-romanas. El resto se reparte esencialmente en tres iglesias: la siriaco-ortodoxa o jacobita, que acapara un 26 por ciento de los fieles; la asiria de oriente, del oste, de Persia o nestoriana, a la que pertenecen una quinta parte de los creyentes, y la caldea, en la que profesan su fe casi la mitad de ellos. Las dos primeras son completamente independientes o autocéfalas y se hallan pastoreadas por patriarcas, cuya autoridad sobre sus fieles es igual a la del Papa entre los católicos. Por el contrario, la iglesia caldea surgió en el siglo XVI como consecuencia de una escisión de la del este. Está formada por los descendientes de los nestorianos atraídos de nuevo al redil de Roma tras centurias de desavenencias y divorcio teológico. Son, en rigor, católicos, pero entre ellos y el Papa media un patriarca que sus obispos eligen democráticamente y que el Pontífice confirma. Su sede está en Bagdad.

Desde una perspectiva estrictamente religiosa, la denominación de asirio carece del sentido étnico, y por supuesto político, que le otorgan las organizaciones nacionalistas. Y lo mismo cabe decir respecto al nombre de caldeo, acuñado arbitrariamente por el Vati­cano en atención, de una parte, al origen mesopotámico de los creyentes que volvieron a su seno y, de otra, a sus eufónicas resonancias bíblicas. El asunto tiene enjundia porque plantea no pocas confusiones semánticas, de modo que volveré más abajo sobre ello.

Sobre la lengua de esta comunidad

La lengua litúrgica de estas iglesias es el siriaco o arameo. Una variante moderna del siriaco es también el idioma de uso común de muchos de los cristianos que sobreviven en Irak, Siria, Irán y Turquía. No podéis ni imaginar el revuelo que se armó entre estas comuni­dades de creyentes cuando los críticos de cine decidieron anunciar que los actores del Cristo de Mel Gibson se despachaban el san­grien­to guión... ¡en un par de lenguas muertas!

Ni en Irán, Siria o Turquía se reconoce el derecho de sus hijos a recibir enseñanza en su idioma materno dentro de las escuelas oficiales de enseñanza reglada. Por el contrario, en los territorios autónomos noriraquíes gobernados de facto por los kurdos desde la primera invasión nortea­mericana se pusieron en marcha ciertas experiencias académicas de enseñanza en siriaco que el principal partido cristiano del país (Movimiento Demo­crá­ti­co Asirio o Zowa) extendió al resto del Estado iraquí tras la invasión norteamericana.

Sobre la historia oficial del movimiento

Tanto el Movimiento Democrático Asirio (MDA) o Zowa como otras organizaciones políticas de menor importancia presentes en Irak, Siria y la diáspora reivindican la existencia de una nación caldeo-asiria. De acuerdo a la historia oficial sancionada por estos movimientos, en su herencia actual se encuentran fusionadas el conjunto de culturas mesopotámicas en cuyo nombre se gobernó el Creciente Fértil desde el Calcolítico o Edad del Bronce hasta la llegada de los persas. Se supone que la dominación asiria fue el crisol donde comenzaron a mezclarse. Y el proceso, sostienen, ya no se ha detenido hasta el día de hoy. Naturalmente, estas comunidades no han permanecido ajenas a las influencias de su entorno. De hecho, y por poner un ejemplo, los caldeo-asirios dan por hecho que hicieron suya la lengua y parte de las costumbres del pueblo arameo al tiempo que lo subyugaban y fagocitaban (la suya original era el acadio). Posteriormente, y con más motivo, se adhirió a su identidad en proporciones no determinadas pedazos de cultura de vecinos y conquistadores, incluidos, por supuesto, griegos, árabes, kurdos-medos, persas y turcos-otomanos.

Sobre el papel del cristianismo

Con arreglo, también, a esa historia alternativa que nos presentan los nacionalistas, los caldeo-asirios abrazaron el cristianismo durante la época apostólica y los siglos subsiguientes en perjuicio del ashurismo, su religión precedente mayoritaria, y en menor medida, el judaísmo y el zoroastrianismo. La nueva fe sería, junto a su lengua, el arameo, uno de los elementos de cohesión y una de las barreras culturales que impidieron que fueran absorbidos étnica y culturalmente por los imperios que sucesivamente se enseñorearon de sus tierras. También sería, desde la llegada del Islam, la razón principal de que fueran perseguidos hasta acabar convertidos en huéspedes dentro de su propia patria.

La historia de estos cristianos orientales es un relato casi continuo de sufrimientos y de resistencia... En pocos panteones descansan tantos mártires como en los de este pueblo, permanentemente hostigado por vecinos desaprensivos, fanáticos musulmanes, latinos y bizantinos. El acoso políti­co, la presión social y la intolerancia religiosa sería, y esto también es em­pírica y científicamente verificable, la razón por la que han deve­nido en minoría tras el paso de los siglos.

Sobre el resurgir del pueblo asirio

El resurgir del pueblo caldeo-asirio ha ido parejo al crecimiento de la importancia de un movimiento nacionalista alumbrado a finales del diecinueve sobre estructuras políticas medievales y definitivamente forjado tras las tragedias que arrostraron los cristianos el pasado siglo.

En 1915, primero, y en 1933, de nuevo, millares de ellos fueron asesinados por los ejércitos turcos e iraquíes, respectivamente, en un genocidio y una masacre que apenas han merecido un par de líneas en los libros de historia occidentales6. La hostilidad hacia ellos nunca cesó desde aquellos sucesos, lo que les obligó a aparcar sus anticuados sistemas organizativos, casi siempre articulados en torno a sus patriarcas y a un modelo de gobierno que algunos estudiosos como José Yakub equiparan muy fundadamente a una iglesia-nación.

En su lugar, nacieron formaciones políticas modernas a las que se encomendó la labor de defender sus derechos frente a turcos, persas y árabes. Sus éxitos han sido desiguales y su popularidad, muy inferior a la de los partidos kurdos, pero nadie alberga dudas de que sólo gracias a esta lucha se ha avanzado. Por poner dos ejemplos de sus logros, los caldeo-asirios consiguieron imponer representantes en los parlamentos autónomos kurdos del norte de Irak regidos por Barzani e incluso en el consejo interino de Gobierno creado por los norteamericanos tras su segunda invasión del país (a ello contribuyó también el lobby cristiano iraquí de Estados Unidos).

Los asirios han tenido igualmente representantes en Siria y en Irán, claro que los gobiernos de ambos países sólo les reconocen su condición de minoría religiosa. Es decir, la asamblea legislativa de esos dos estados les reserva un sillón en tanto que cristianos, no por su condición de caldeo-asirios.

Sobre la situación actual del movimiento nacionalista asirio

En las actuales circunstancias, sólo en Irak tienen los nacio­nalistas posibilidades de lograr el reconocimiento de sus derechos gracias, esencialmente, a los cambios políticos y a la impor­tancia demográfica de su pueblo8. La conciencia nacional caldeo-asiria se está forjando allá a pasos de gigante. Casi no hay una casa donde no cuelguen ya, junto a rosarios de plástico y kitsch imágenes de Cristo, banderitas de Mesopotamia y una popular reproducción en cobre de un relieve donde puede verse al rey Asurbanipal abatiendo un león desde lo alto de su carro. Sólo el miedo a las acciones de yihadistas y baazistas ha impedido hasta la fecha que exhiban su entusiasmo nacional y religioso de manera más ostentosa.

El Movimiento Democrático Asirio (MDA), su organización más importante, cuenta en ese país con escuelas propias; una milicia de 5.000 hombres parcialmente desmovilizada; asociaciones de ayuda humanitaria y cadenas de televisión y radio cuyas antenas y repetidores crecen por doquier desde la caída de Sadam. Al igual que los kurdos, los caldeo-asirios han defendido la creación de un estado federal con la esperanza de conseguir un territorio autónomo que finalmente se les ha negado. Pueden encontrarse cristianos en todo el país, pero se concentran especialmente en Bagdad, el norte del Estado y los alrededores de Mosul, junto a la Nínive de sus antepasados. Es justamente en esta última zona, un pedazo de Irak del tamaño de Liechenstein, donde pretenden que se les otorgue cierto grado de autonomía. En poblaciones como Karakosh, de 20.000 almas, casi el 99 por ciento de los ciudadanos son cristianos. Desde la caída de Sadam, también lo es su alcalde.

Sobre sus últimos via crucis

Si los asirios iraquíes reclamaron tras la guerra parte del pastel de libertad prometido por los norteamericanos es porque consideran con razón que también ellos pagaron un elevado precio por oponerse al tirano derrocado.

Tres miembros fundadores del Movimiento Democrático Asirio y decenas de militantes fueron asesinados por Sadam Husein. Otros muchos acabaron en las cárceles y la diáspora o se enrolaron en la milicia que combatió al dictador en las montañas cercanas a Turquía durante los noventa. Se estima que desde el final de la Guerra del Golfo hasta hoy la población caldeo-asiria del país ha caído a la mitad.

Es cierto, y así lo admiten la mayoría de ellos, que Sadam Husein dispensó mejor trato a los cristianos que otros Gobiernos vecinos, pero también lo es, como apuntamos, que el dictador nunca dejó que estos franquearan la puerta de las iglesias con sus reclamaciones. Muchos fueron los ardides a los que Sadam recurrió para tratar de reducir su fuerza demográfica en determinadas áreas. Uno de sus preferidos consistía en entregar sus tierras a colonos árabes sin recursos.

Sobre la oposición interna del movimiento asirio

Ni en los más cerrados círculos nacionalistas se ignora que el principal elemento de cohesión de la comunidad a la que dicen representar es su credo cristiano. Tal es así que ni siquiera todos los cristianos iraquíes dan por bueno que su origen racial sea caldeo-asirio. Muchos dicen ser, antes que nada, fieles de ésta o aquella iglesia. A ello contribuye en cierto modo el proceder de las jerarquías religiosas, quienes a menudo ven con malos ojos todo este nuevo movimiento. Posiblemente, temen que menoscabe el poder que tradicionalmente han ejercido sobre sus feligreses10.

Por si fuera poco embrollo, tanto en Siria como en Líbano existen organizaciones políticas que consideran a estos hermanos de Mesopo­tamia nada menos que descendientes de arameos, en atención al hecho de que utilizan el idioma que en su día habló ese pueblo. Equiparar sin más problemas lengua a identidad nacional u origen racial es, en este caso y como poco, aventurado, habida cuenta de que el arameo o siriaco fue durante muchos siglos una lengua franca de aquel rincón de Oriente de la que el imperio asirio terminó apropiándose en perjuicio del acadio. El asunto es curioso, pues fue el dominador quien adoptó el idioma del dominado, pero está plenamente probado que el arameo terminó siendo tan asirio como el rey Ashur o los carros de guerra. Sea como sea y dándole la vuelta, coincidiréis conmigo en que el hecho de que los aztecas hayan hecho suyo el español no barre de un plumazo el componente pre-colombino de su cultura.

Más descabelladas todavía son las tesis de un grupo minoritario de católicos iraquíes considerados por algunos como mercenarios de la intoxicación a sueldo de tiranos y musulmanes. De acuerdo a esas voces discrepantes, los asirios católicos tienen en realidad un origen étnico netamente caldeo-babilonio. En otras palabras, afirman que los caldeos son caldeos. Lo cierto es, como hemos visto, que lo de caldeo es sólo un nombre que el Vaticano adjudicó arbitrariamente para designar a los fieles que se separaron en el siglo XVI de la iglesia asiria de oriente o del este para volver a la obediencia de Roma. Existen pruebas de que el propósito deliberado de quienes sostienen tales tesis es dividir a los caldeo-asirios y hacer saltar por los aires la credibilidad de su movimiento político.

Para terminar, he de aclarar que el sentimiento de nación presente entre los cristianos de Irán o del sureste de Turquía es casi indetectable fuera de ciertos restringidos círculos intelectuales. Claro que, todo hay que decirlo, los regímenes a los que viven sometidos los cristianos de estos dos últimos países no son precisamente un paraíso de las minorías. Por otro lado, tampoco es infrecuente que muchos de esos turcos o iraníes cristianos renuentes a abrazar la causa asiria en sus estados de origen acaben convertidos en entusiastas militantes nacionalistas tras pisar Occidente.

Sobre los términos con los que se les menciona

Ni siquiera los cristianos orientales han logrado hasta la fecha el ponerse de acuerdo acerca del modo en que desearían ser llamados. No está de más, por tal motivo, precisar, de una parte, las designaciones que yo he usado y, de otra, el sentido que he otorgado a esos diferentes términos, muy a menudo polisémicos.

Caldeo-Asirios son, tal y como vimos, e indepen­dientemente de la religión que profesen, los descendientes de los aborígenes de Mesopotamia. Pero asirios a secas son también llamados los fieles de una de las tres iglesias entre las que se reparte la comunidad de cristianos orientales cuya presencia rastreamos (conocida igualmente como iglesia del este, de oriente, de los nestorianos o de Persia). Para más inri, lo acabamos de decir, existe un sector de creyentes sujetos al Vaticano a los que se denomina caldeos, a la sazón otro de los pueblos que en su día dominaron Mesopotamia y a los que presuntamente deben parte de su herencia étnico-cultural nuestros creyentes. ¿De qué modo vamos a utilizar en este libro esos diferentes términos para evitar equívocos? Por razones operativas y personales, en el étnico-político... O, dicho de otro modo, denominaremos caldeo-asirios a todos los cristianos orientales descendientes de los pueblos que forjaron las civilizaciones del Creciente Fértil (emparentados racialmente con sumerios, acadios, asirios y babilonios). De acuerdo a este criterio, todos los miembros de la iglesia asiria, más conocida hoy como del este, son asirios, pero no todos los caldeo-asirios pertenecen a la también llamada iglesia asiria.

¿Cómo especificaremos entonces la adscripción religiosa de los distintos miembros de esa comunidad? Cuando utilicemos lo de asirio o de caldeo para precisar su credo, haremos constar a menudo el nombre completo de la iglesia. Es decir, existen fieles caldeo-asirios de la iglesia asiria de oriente, también llamada, insisto, nestoriana, de Persia o del este; existen caldeo-asirios que profesan su fe en la iglesia caldea y existen, por último, caldeo-asirios pertenecientes a la iglesia siriaco-ortodoxa, conocidos de forma alternativa como jacobitas o monofisitas.

¿Son asirios los asirios?

De todo lo que acabo de decir se infiere mi aceptación implícita de aquellas tesis del movimiento nacionalista que reclaman el reconocimiento de la nación caldeo-asiria. Carecería de sentido, pensaréis, que yo designara a todos esos cristianos con el nombre de caldeo-asirios si no diera por bueno que son en verdad los descen­dientes de los pobladores originarios de Mesopotamia o, por lo menos, si no creyera en realidad que esa comunidad humana conforma una auténtica nación sin estado. Lo que puedo deciros al respecto a modo de resumen es lo siguiente:

Que resulta razonable, y así lo aceptan algunos reputados estudiosos, que parte de la población asiria sobreviviera al hundimiento de su imperio dando lugar a una cul­tura mestiza (¿hay alguna que no lo sea?), resultante esencialmente de la suya originaria, la de los conquistadores babilonios que los doblegaron y la del resto de invasores a quienes se sometieron con posterioridad. De hecho, existen indicios que sugieren la supervivencia del ashurismo, religión imperial de los asirios, hasta bien entrado el primer milenio de nuestra era.

Que resulta razonable que ese pueblo semita consiguiera preservar parte de su herencia cultural y étnica gracias a la religión. Bajo este punto de vista, el ashurismo, primero, y más tarde, el cristianismo, podrían haber contribuido a impedir que se disolvieran totalmente entre persas, turcos, kurdos o árabes. Lo mismo cabe decir, por otra parte, de su lengua materna, el siriaco o arameo. A la postre, lo que hoy caracteriza a esta nación dentro de su entorno geopolítico no es el componente asiro-babilonio de su cultura, sino su lengua y religión.

Que en torno al cristianismo han cerrado filas y, a causa de su fe, han sido hostigados y diezmados desde la llegada del Islam. Lo que explica que, a la postre, hayan devenido en minoría dentro de su propia tierra.

Que estas presunciones no se basan tan sólo en un argumento tan endeble y acientífico como el de lo razonable. Existen estudios dignos de consideración que ayudan a susten­tarlas.

Que en esos mismos estudios, a veces cuestionados, se sostiene que a los fieles de Ashur no les eran ajenas muchas de las ideas que popularizó el cris­tianismo. En opinión de ciertos in­ves­tigadores, nadie lo te­nía más fácil que ellos para mu­dar de credo sin sufrir graves conflictos espi­rituales, lo que podría explicar la rapidez con la que se extendió esta religión entre sus comu­nida­des.

Que, de acuerdo a otras investigaciones, todas las designaciones con las que nuestros cristianos orientales se han llamado a sí mismos y han sido nombrados a lo largo de esa parte oscura de la historia en la que se perdió su pista derivan del gentilicio asirio. Para entendernos, lo que afirman algunos estudiosos es que sirio y asirio fueron utilizados indistintamente con el mismo sentido hasta la llegada de los romanos (en la variante occidental del arameo se suprimió, presuntamente, su primera sílaba). Como es bien sabido, el gentilicio sirio se utiliza hoy comúnmente para designar a los ciudadanos de un país árabe.

Que la defensa de la nación caldeo-asiria se ha convertido en una cuestión de supervivencia para un pueblo con una identidad cultural, religiosa e incluso genética diferenciada; un pueblo que, a diferencia de los vascos o los kurdos, se encuentra en vías de extinción.

Que se impone, y en eso están algunos, la necesidad de llevar a cabo estudios serios que aclaren para siempre qué hay de real y qué de legendario y mítico en esta nueva historia que hoy reescribe el pueblo caldeo-asirio.

Que sea cual sea su origen, nadie les puede arrebatar su condición de minoría, ni su legítimo derecho a exigir respeto hacia su religión, lengua y cultura ni, menos aún, la libertad de reclamar un territorio propio donde disfrutar de cierto grado de autonomía administrativa o, llegado el caso, por qué no, de total independencia.

AQUÍ podéis comprar el libro EN BUSCA DE LOS ÚLTIMOS CRISTIANOS DE IRAK e IRÁN, y averiguar muchas más cosas sobre este pueblo desconocido.

COPYRIGHT FERRAN BARBER, septiembre de 2005. ferranlikesyou@gmail.com

FERRAN BARBER
(+46) 0703184143 - Umeå (Sweden)
ferranlikesyou@gmail.com

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Assyria \ã-'sir-é-ä\ n (1998)   1:  an ancient empire of Ashur   2:  a democratic state in Bet-Nahren, Assyria (northern Iraq, northwestern Iran, southeastern Turkey and eastern Syria.)   3:  a democratic state that fosters the social and political rights to all of its inhabitants irrespective of their religion, race, or gender   4:  a democratic state that believes in the freedom of religion, conscience, language, education and culture in faithfulness to the principles of the United Nations Charter — Atour synonym

Ethnicity, Religion, Language
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Assyrian \ã-'sir-é-an\ adj or n (1998)   1:  descendants of the ancient empire of Ashur   2:  the Assyrians, although representing but one single nation as the direct heirs of the ancient Assyrian Empire, are now doctrinally divided, inter sese, into five principle ecclesiastically designated religious sects with their corresponding hierarchies and distinct church governments, namely, Church of the East, Chaldean, Maronite, Syriac Orthodox and Syriac Catholic.  These formal divisions had their origin in the 5th century of the Christian Era.  No one can coherently understand the Assyrians as a whole until he can distinguish that which is religion or church from that which is nation -- a matter which is particularly difficult for the people from the western world to understand; for in the East, by force of circumstances beyond their control, religion has been made, from time immemorial, virtually into a criterion of nationality.   3:  the Assyrians have been referred to as Aramaean, Aramaye, Ashuraya, Ashureen, Ashuri, Ashuroyo, Assyrio-Chaldean, Aturaya, Chaldean, Chaldo, ChaldoAssyrian, ChaldoAssyrio, Jacobite, Kaldany, Kaldu, Kasdu, Malabar, Maronite, Maronaya, Nestorian, Nestornaye, Oromoye, Suraya, Syriac, Syrian, Syriani, Suryoye, Suryoyo and Telkeffee. — Assyrianism verb

Aramaic \ar-é-'máik\ n (1998)   1:  a Semitic language which became the lingua franca of the Middle East during the ancient Assyrian empire.   2:  has been referred to as Neo-Aramaic, Neo-Syriac, Classical Syriac, Syriac, Suryoyo, Swadaya and Turoyo.

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